Educar. Arte, ciencia y paciencia.

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viernes, 1 de septiembre de 2017

NO ES QUE NO LO VEAS, ES QUE NO SABE LO QUE BUSCA.



No me resisto a abordar una tema peliagudo y por el que hemos pasado todos. Me refiero a la etapa de la adolescencia, la edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo. Vuelvo a recordar que no soy experto y que hay una enorme bibliografía sobre el asunto. Sí recuerdo, no obstante, que en esta etapa se producen cambios fundamentales en nuestros hijos: en la estructura ósea, en los músculos y en el cerebro, así como un desarrollo sexual y hormonal. En un corto periodo cambian por fuera y por dentro. Y lo más complicado es que no tienen experiencia para encauzar sus nuevas potencialidades. Ante esta situación, las madres y los padres podemos intervenir, aun sabiendo que es difícil complacer a una persona que no sabe lo que quiere.
Me atrevo a sugerir una serie de ideas que quizás ayuden: 
1. Adelantarse a esta etapa, explicándoles lo que va a ocurrir en su cuerpo y en sus relaciones con el entorno. En este punto conviene que los padres hablen con los hijos y las madres con las hijas. 
2. Mucha tranquilidad y paciencia. Si los hemos educado desde pequeño para la madurez, el "sarampión" será menos virulento. 
3. Estar más disponible y receptivos a todas las necesidades que se presentaran en esta etapa. 
4. No ceder en lo importante y evitar los chantajes emocionales. 
5. Darles encargos adecuados a su edad y potencialidades. Que tengan más libertad implica una mayor responsabilidad. 
6. Respetar su intimidad. 
7. Más que dar grandes discursos, conviene aportar ideas sencillas que le hagan pensar: la conducta sólo se puede dominar con la razón. 
8. Y rezad. 
Para terminar, reproduzco unas estrofas del poema "Profecía", del Rafael de León.
¿Qué tiene el niño, Malena?
Anda como trastornao;
le encuentro cara de pena
y el colorcillo quebrao.
Y ya no juega a la tropa,
ni tira piedras al río,
ni se destroza la ropa
subiéndose a coger nidos.
¿No te parece a ti extraño?
¿No es una cosa muy rara
que un chaval con doce años
lleve tan triste la cara?
Mira que soy perro viejo,
y estás demasiado tranquila.
¿Quieres que te dé un consejo?
Vigila, mujer, vigila...
Y fueron dos centinelas los ojillos de mi madre(…).


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